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Homofobia: cómo se construyen y persisten los prejuicios

La homofobia no se reduce a los insultos, las agresiones o las leyes que castigan las relaciones entre personas del mismo sexo. También puede adoptar formas cotidianas: una broma repetida, un comentario sobre una voz o una apariencia consideradas «no lo bastante masculinas», la idea de que una familia solo podría corresponder a un modelo único.

Estos reflejos no son necesariamente conscientes. Se inscriben en normas sociales aprendidas muy temprano y reforzadas después por el entorno, la cultura, la escuela, los medios de comunicación y ciertas representaciones religiosas o políticas. Identificarlos no equivale a negar la gravedad de las violencias homófobas: por el contrario, es una etapa para comprender cómo llegan a ser posibles.

La heteronormatividad, una norma a menudo invisible

La filósofa Cynthia Fleury habla de «pensamientos normados»: estereotipos interiorizados sin que siempre se cuestionen. En muchas sociedades, la heterosexualidad se presenta como una evidencia y como el marco esperado de la vida afectiva. La unión entre un hombre y una mujer se convierte así, erróneamente, en el único modelo considerado normal.

Esta norma se difunde a través de detalles aparentemente inocuos. Los relatos infantiles presentan tradicionalmente a un príncipe y una princesa. Algunos juguetes, prendas o actividades siguen asociados a un género concreto. Las expresiones habituales y las burlas recuerdan sin cesar qué sería aceptable para los niños y para las niñas.

La profesora de psicología social Annalisa Casini vincula este mecanismo con una ideología de dominancia social. Esta se apoya, en particular, en el patriarcado, el binarismo de género y la heteronormatividad. Según esta lógica, las personas que se apartan de las expectativas asignadas a su género o a su orientación sexual pueden ser desvalorizadas, llamadas al orden o expuestas a la violencia.

Se habla entonces de homonegatividad para designar las actitudes negativas hacia las personas homosexuales, incluso cuando no se expresan mediante una agresión explícita. Una broma, un calificativo humillante o un comentario normalizado pueden contribuir a instaurar un clima en el que la exclusión parece normal.

Una historia de condenas sucesivas

La idea de que la homosexualidad estaría condenada de forma natural y universal no resiste el examen de la historia. En la Antigüedad griega, romana o egipcia, las realidades sexuales y sociales eran diversas. Esto no significa que estas sociedades correspondieran a una visión contemporánea de la igualdad, pero la homosexualidad no siempre se concebía a través de las categorías morales que se impusieron más tarde.

Un giro importante se produce con la implantación de normas religiosas que hacen de la procreación la finalidad legítima de la sexualidad. En la tradición cristiana, el relato de Sodoma y Gomorra se utilizó durante mucho tiempo contra la homosexualidad. Sin embargo, la interpretación mencionada aquí subraya que el texto del Génesis condena ante todo la violencia, el intento de violación de los extranjeros y la negativa a dar hospitalidad.

En el siglo IV, Agustín de Hipona contribuye a asociar Sodoma con la homosexualidad. Esta interpretación alimenta de forma duradera la idea de que las relaciones sexuales no orientadas a la procreación constituirían una falta contra el orden divino. En la Edad Media, la condena religiosa se transforma progresivamente en represión jurídica.

En 1532, el código de leyes promulgado bajo Carlos V en el Sacro Imperio Romano Germánico clasifica la sodomía y el lesbianismo entre los graves crímenes espirituales, castigados con la hoguera. En Francia, Jean Diot y Bruno Lenoir son ejecutados en París en 1750; se les presenta como los últimos hombres quemados vivos en el país por homosexualidad. La Revolución francesa despenaliza posteriormente la sodomía en 1791.

Cuando la medicina y el Estado toman el relevo

La despenalización no puso fin a las discriminaciones. En el siglo XIX, el auge de la psiquiatría moderna desplaza la homosexualidad del ámbito del pecado al de la enfermedad. Se desarrollan prácticas que pretenden «curar» a las personas homosexuales. El vocabulario cambia, pero el objetivo sigue siendo devolver a los individuos a una norma impuesta.

La homosexualidad siguió clasificada como enfermedad mental en el manual diagnóstico estadounidense hasta 1980, y después en las clasificaciones de la Organización Mundial de la Salud hasta 1990. Estas fechas recuerdan lo reciente que son algunos avances institucionales.

En el siglo XX, varios Estados llevaron a cabo políticas de persecución. En la Alemania nazi, el poder presenta la homosexualidad como un peligro para una nación imaginada como viril y reproductiva. Entre 10.000 y 15.000 personas homosexuales son deportadas a campos de concentración, donde sufren torturas y experimentos médicos.

En la URSS, Stalin vuelve a criminalizar la homosexualidad en 1934, asociándola con la decadencia burguesa o con una supuesta perversión fascista. En Estados Unidos, durante el macartismo, la «Lavender Scare» provoca el despido de miles de funcionarios y militares homosexuales, o sospechosos de serlo, considerados vulnerables al chantaje.

Los disturbios de Stonewall en Nueva York, en 1969, se convierten después en un símbolo de la movilización moderna por los derechos LGBT+. Forman parte de una historia más amplia de luchas contra las discriminaciones, que también puede relacionarse, sin confundirlas, con combates como el de Martin Luther King Jr. contra la segregación y por los derechos civiles.

VIH, criminalización y consecuencias sanitarias

A comienzos de la década de 1980, los primeros casos identificados de VIH afectan, entre otras, a comunidades gais en Estados Unidos y Europa. Una parte de los medios emplea entonces expresiones como «cáncer gay» o «peste rosa». Algunos responsables religiosos presentan públicamente la epidemia como un castigo divino. Esta estigmatización reforzó prejuicios ya arraigados, pese a que el virus afectaba al conjunto de la población.

Según el informe de ILGA World publicado en 2024 y citado en los datos disponibles, 64 Estados miembros de la ONU todavía criminalizan las relaciones homosexuales; en siete de ellos puede imponerse la pena de muerte. En África, 31 de 54 países criminalizan estas relaciones según los datos mencionados.

El argumento de que la homosexualidad sería una importación occidental es cuestionado por Christian Romo, defensor de derechos humanos de Amnistía Internacional. Recuerda que las prácticas homosexuales existían en las sociedades africanas antes de la colonización. Por el contrario, muchas legislaciones represivas actuales proceden de los códigos coloniales británicos o franceses.

Esta criminalización también dificulta la prevención y la atención relacionadas con el VIH. El miedo a ser detenido, agredido o expuesto públicamente puede alejar a las personas afectadas de las pruebas de detección y de los centros de salud. Por tanto, el problema no es solo jurídico: también se vuelve sanitario y social.

Las terapias de conversión: una violencia basada en una falsa promesa

Las terapias de conversión se basan en la idea errónea de que una orientación sexual podría o debería modificarse. A veces se organizan en contextos religiosos. Las prácticas mencionadas van desde la presión psicológica hasta formas graves de maltrato, incluidos electrochoques, privaciones, estancias forzadas o las llamadas violaciones «correctivas».

Bélgica prohibió estas prácticas en 2023, al igual que Francia, Chipre, Alemania, Malta, Portugal, España y Grecia. Sin embargo, su prohibición no está claramente establecida en todos los Estados de la Unión Europea. Una iniciativa ciudadana europea que reunió más de un millón de firmas pedía una prohibición a escala de la Unión, pero la Comisión Europea indicó que no disponía de competencia legal para imponerla a los Estados miembros.

Por qué el relato del «lobby LGBT» es engañoso

El término «lobby» designa, en sentido amplio, a un grupo que busca influir en las políticas públicas. Sindicatos, organizaciones patronales, ONG ecologistas, industrias o asociaciones militantes ejercen todos, en distintos grados, actividades de influencia. Por tanto, las asociaciones LGBT+ pueden defender derechos ante las instituciones, al igual que las organizaciones conservadoras o religiosas defienden sus propias posiciones.

El problema surge cuando la expresión «lobby LGBT» sugiere la existencia de una organización secreta, unificada y todopoderosa que controlaría los medios, la escuela o los gobiernos. Esta retórica transforma a personas y asociaciones que se enfrentan a discriminaciones en una amenaza colectiva. La socióloga Sylvie Tissot describe un procedimiento que consiste en presentar a grupos minoritarios como dominantes para justificar la hostilidad hacia ellos.

ILGA-Europe, citada a menudo en este tipo de discurso, utiliza en particular sus fondos para apoyar asociaciones locales, proteger a activistas en peligro, interponer recursos contra leyes discriminatorias y publicar el Rainbow Map, una clasificación de los derechos LGBT+ en Europa. Estas actividades forman parte de la defensa asociativa de derechos y se presentan como tales.

Los debates sobre la educación para la vida relacional, afectiva y sexual también ilustran las tensiones en torno a estas cuestiones. En Bélgica, el programa EVRAS suscitó oposición en 2023, aunque su contenido aborda, entre otros temas, el consentimiento, la tolerancia y la vida afectiva. Confundir la información con el adoctrinamiento alimenta el miedo en lugar de un debate basado en los hechos.

Cuestionar los propios prejuicios sin minimizar las violencias

Reconocer que se ha aprendido un prejuicio no significa conformarse con él. Las normas interiorizadas pueden cuestionarse: ¿por qué una voz, una prenda, una expresión de género o una pareja provocan a veces una reacción de incomodidad o rechazo? ¿Qué imágenes del amor y de la familia se han transmitido?

Esta vigilancia es aún más importante porque los estereotipos también afectan a otros ámbitos de la vida afectiva. Las relaciones entre personas percibidas como diferentes se reducen con frecuencia a fantasías o juicios externos, como muestra esta reflexión sobre la distinción entre atracción y fetichización en las parejas mixtas.

Combatir la homofobia implica rechazar las violencias manifiestas, pero también deconstruir los mecanismos más discretos que las preparan: jerarquización de los géneros, estereotipos, sospecha hacia las minorías y relatos conspirativos. La igualdad no consiste en imponer una orientación sexual o una identidad; consiste en permitir que cada persona viva sin ser humillada, castigada o puesta en peligro por lo que es.

Preguntas frecuentes sobre la homofobia

¿La homofobia se limita a las agresiones físicas?

No. Puede adoptar la forma de insultos, bromas, estereotipos, exclusión, discriminaciones laborales o familiares, así como de leyes que penalizan las relaciones entre personas del mismo sexo.

¿Por qué la homosexualidad fue considerada durante tanto tiempo una enfermedad?

En el siglo XIX, una parte de la psiquiatría clasificó la homosexualidad entre las enfermedades mentales. Esta clasificación fue abandonada: desapareció del manual diagnóstico estadounidense en 1980 y de las clasificaciones de la Organización Mundial de la Salud en 1990.

¿Las asociaciones LGBT+ forman un «lobby» secreto y único?

Las asociaciones ejercen una defensa pública de los derechos LGBT+, al igual que muchos otros grupos defienden sus intereses o convicciones. Presentar este conjunto diverso de asociaciones como una organización secreta que controlaría la sociedad forma parte de un relato conspirativo, no de una constatación fundamentada.

Christiano Btf

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