Menores, alcohol, tabaco y sexualidad: las fallas de protección en Abiyán

En Abiyán, adolescentes menores de 18 años frecuentan espacios de ocio nocturno, consumen alcohol y tabaco y, en ocasiones, se encuentran en residencias amuebladas sin que parezca aplicarse un control de edad. Estas situaciones ponen de manifiesto una brecha entre las prohibiciones previstas por la ley, las prácticas de algunos establecimientos y la vulnerabilidad de jóvenes que aún son menores de edad.
La cuestión no se limita a las salidas nocturnas. También afecta a la exposición temprana a productos adictivos, las relaciones sexuales sin un marco de protección, las solicitudes de adultos y la dificultad de algunas familias para mantener un diálogo y una vigilancia adecuados.
Menores admitidos en lugares que les están prohibidos
En bares al aire libre muy concurridos de Abiyán, adolescentes declaran poder entrar sin impedimentos siempre que tengan dinero. Algunos afirman acudir regularmente, consumir allí bebidas alcohólicas y tabaco, sin que se les detenga ni se les conciencie sobre los riesgos asociados a estos consumos.
Sin embargo, el acceso de menores a este tipo de establecimientos está prohibido por la legislación marfileña, en particular por la Ley n.º 64-293 de 1 de agosto de 1964. La aparente ausencia de verificación de documentos de identidad, señalada en varios lugares de ocio, plantea directamente la cuestión de la aplicación efectiva de esta protección.
La presencia de menores no afecta únicamente a las últimas horas de la noche. Algunos jóvenes explican haber empezado a beber en un entorno familiar o ceremonial, después de recibir pequeñas cantidades de alcohol por parte de adultos. Otros indican que fueron iniciados muy pronto en el tabaco por amigos, personas mayores o allegados. Esta normalización puede dificultar la percepción de las prohibiciones y los peligros.
Alcohol y tabaco: una exposición temprana documentada
Las cifras citadas para Costa de Marfil confirman que el fenómeno merece una atención particular. La encuesta mundial sobre el tabaquismo realizada en 2022 indica que cerca del 20 % de los adolescentes de entre 13 y 15 años ya ha probado el tabaco. Un estudio mencionado para 2024 también indica que el 45 % de los jóvenes consumió alcohol antes de los 15 años.
Estos datos no permiten reducir las trayectorias individuales a una sola causa. Sin embargo, subrayan que la iniciación puede producirse muy temprano, en entornos diversos: la familia, el grupo de amigos, las ceremonias o espacios de consumo accesibles sin control. Cuando adolescentes afirman que estos productos «no les hacen nada», esto también puede reflejar una subestimación de los riesgos más que una ausencia de consecuencias.
Por tanto, la prevención no puede recaer exclusivamente en los propios jóvenes. Los adultos que sirven, venden, compran o facilitan el acceso al alcohol y al tabaco tienen una responsabilidad determinante. Los responsables de establecimientos, vendedores, allegados e instituciones están todos implicados en el respeto de los límites previstos para proteger a los menores.
Sexualidad adolescente: evitar el silencio y las situaciones de explotación
La sexualidad de los adolescentes también forma parte de las realidades mencionadas. Chicas menores de edad declaran haber organizado fines de semana en residencias amuebladas, a veces sin autorización parental y ocultando su destino. Por su parte, un adulto de 22 años afirma que el propietario de los lugares sabe que allí se alojan menores, sin oponerse a ello.
La cuestión no es juzgar a los adolescentes, sino preguntarse por las condiciones de su seguridad, su consentimiento y su protección. Cuando menores se encuentran en espacios privados con personas de más edad, sin un marco familiar ni un control claro, no pueden ignorarse los riesgos de presión, manipulación o explotación.
En algunos espacios nocturnos, los testimonios recogidos también mencionan a chicas muy jóvenes abordadas por hombres mayores a cambio de dinero y relaciones sexuales. Una menor entrevistada declara tener 16 años y negocia una suma. Estos elementos exigen prudencia: no bastan para establecer la existencia de una red, pero revelan una situación preocupante en la que menores pueden estar expuestas a una posible explotación sexual.
La prevención también debe ayudar a los jóvenes a distinguir una relación respetuosa de una situación en la que la diferencia de edad, el dinero, la presión o el secreto debilitan su capacidad para establecer límites. Las representaciones del amor y la sexualidad que circulan en las redes sociales pueden acentuar la confusión entre una puesta en escena emocional y comportamientos peligrosos. A este respecto, el artículo dedicado al «sueño nicho» y a la romantización de escenarios tóxicos recuerda la importancia de no normalizar relaciones marcadas por la violencia, la coacción o la dominación.
Controles y concienciación: una respuesta necesaria, pero insuficiente
Ante estas constataciones, agentes del Ministerio de la Mujer, la Familia y el Niño, acompañados por la brigada de moralidad pública, realizan inspecciones sorpresa en espacios de ocio. Durante una patrulla de dos horas, 28 chicas y chicos menores de 18 años fueron retirados de estos lugares. Los responsables de los establecimientos también son objeto de operaciones represivas.
Estas intervenciones permiten recordar que los establecimientos no pueden eludir su responsabilidad. El control de la edad, la denegación de acceso a menores y la vigilancia de comportamientos susceptibles de poner a jóvenes en peligro forman parte de su función. No obstante, las operaciones puntuales no pueden por sí solas resolver prácticas arraigadas en la vida cotidiana.
Al día siguiente de los controles, educadores especializados llevan a cabo acciones de concienciación con las familias. Advierten, en particular, sobre la venta de bebidas en bolsitas cerca de las viviendas y sobre la falta de control mencionada por los habitantes. El mensaje dirigido a los padres es claro: los niños observan los comportamientos de los adultos y necesitan referentes coherentes.
El diálogo familiar, una herramienta de prevención
El programa Strong Family, aplicado por el Ministerio de la Mujer, la Familia y el Niño, busca reforzar la educación parental y prevenir comportamientos de riesgo entre los adolescentes. Según los elementos disponibles, más de 3.000 padres e hijos han participado desde su puesta en marcha.
Los educadores subrayan que las familias reconstituidas y monoparentales pueden afrontar dificultades particulares de comunicación y organización. No se trata de convertirlo en una explicación única: todas las familias pueden enfrentarse a tensiones, salidas no autorizadas o conversaciones difíciles. Pero la ausencia de diálogo puede dejar a los adolescentes solos ante las solicitudes de sus pares, de adultos o de entornos comerciales poco protectores.
Hablar de sexualidad, consentimiento, tabaco, alcohol y salidas no significa fomentar estas prácticas. Al contrario, una información accesible puede permitir a los jóvenes pedir ayuda, reconocer una situación de riesgo y comprender mejor las posibles consecuencias de sus decisiones. En un contexto en el que las relaciones también están expuestas en internet, resulta útil cuestionar los modelos de amor de escaparate y rupturas convertidas en espectáculo en las redes sociales, que pueden confundir los referentes relacionales.
Una responsabilidad compartida hacia los menores
La protección de los menores no depende ni de una sola operación policial ni únicamente de la autoridad parental. Supone una movilización conjunta de las familias, los establecimientos de ocio, los vendedores, los propietarios de alojamientos, los servicios sociales y las autoridades públicas.
Detrás de cada acceso facilitado al alcohol, al tabaco o a un lugar inadecuado, puede haber un adulto que permite, vende, aloja o mira hacia otro lado. Hacer respetar las normas existentes, abrir espacios de diálogo e intervenir ante situaciones de vulnerabilidad son condiciones esenciales para proteger mejor a los adolescentes.
Preguntas frecuentes
¿Tienen derecho los menores a entrar en bares en Costa de Marfil?
La legislación marfileña, en particular la Ley n.º 64-293 de 1 de agosto de 1964 mencionada aquí, prohíbe el acceso de menores a este tipo de establecimientos. Sin embargo, varios testimonios muestran que esta norma no siempre se aplica en algunos lugares.
¿Qué cifras se citan sobre el tabaco y el alcohol entre los adolescentes?
La encuesta mundial sobre el tabaquismo de 2022 indica que cerca del 20 % de los adolescentes marfileños de entre 13 y 15 años ya ha probado el tabaco. Un estudio mencionado para 2024 indica que el 45 % de los jóvenes consumió alcohol antes de los 15 años.
¿Por qué es central el papel de los adultos?
Los menores pueden verse expuestos al alcohol, al tabaco, a lugares nocturnos o a situaciones sexuales de riesgo porque adultos les facilitan el acceso, no controlan su edad o no reaccionan. Por tanto, la prevención implica tanto a los adultos como a los adolescentes.



