Por qué la generación Z tiene menos relaciones sexuales: pantallas, estrés y fatiga de las citas

La generación Z vive una aparente paradoja: nunca habían sido tan accesibles los contenidos sexuales, las aplicaciones de citas y las oportunidades para comunicarse, mientras que varias encuestas reflejan una disminución de las relaciones íntimas entre los adultos jóvenes. A este fenómeno se le denomina en ocasiones «recesión sexual».
Sin embargo, sería engañoso atribuirle una explicación única o concluir que los jóvenes ya no quieren amar, seducir o construir vínculos. Los comportamientos íntimos dependen de un conjunto de condiciones materiales, psicológicas, relacionales y culturales. Las pantallas, el cansancio, el estrés económico, la relación con el cuerpo, la evolución de los hábitos de ocio y el agotamiento ante las citas digitales pueden acumularse.
Encuestas que señalan una disminución de la actividad sexual
Una encuesta de Ifop realizada en 2024 en colaboración con Lelo indica que el 28 % de las personas de 18 a 24 años no había mantenido ninguna relación sexual durante los doce meses anteriores, frente al 5 % en 2006. Otro estudio de Ifop, realizado dos años antes con Sidaction, informaba de que el 44 % de las personas de 18 a 24 años no había tenido relaciones íntimas en 2021.
El fenómeno no afectaría únicamente a las personas solteras. Según la encuesta publicada en 2024, una de cada cinco personas en pareja declaraba no tener, o ya no tener, relaciones con su pareja. Esto recuerda una realidad importante: estar en pareja no garantiza ni el deseo, ni la disponibilidad emocional, ni una intimidad regular.
Estas cifras deben interpretarse con prudencia, ya que las definiciones, los periodos estudiados y las poblaciones encuestadas pueden variar. No obstante, sugieren que la sexualidad ocupa hoy un lugar diferente en la vida cotidiana de una parte de los jóvenes.
La hiperconexión compite con el tiempo de intimidad
Los teléfonos, las plataformas de streaming, las redes sociales, los videojuegos y los contenidos breves ocupan una parte importante del tiempo disponible. Una estimulación constante puede dejar menos espacio para las conversaciones, el aburrimiento compartido, la cercanía y los momentos en los que el deseo puede surgir sin haber sido planificado.
Según la encuesta de Ifop de 2024 citada sobre este asunto, el 50 % de los hombres y el 42 % de las mujeres menores de 35 años que viven con su pareja ya han evitado una relación íntima para ver una serie o una película en Netflix. Entre los hombres de este grupo de edad que viven en pareja, el 48 % también afirma haber evitado una relación para consultar las redes sociales.
No se trata de convertir las pantallas en la única responsable. Ver una serie o pasar tiempo en internet puede ser una actividad de ocio elegida, a solas o en pareja. El problema puede surgir cuando la atención permanece captada de forma permanente y las parejas ya no disponen de verdaderos momentos de presencia mutua. La intimidad suele requerir tiempo, una sensación de seguridad y una disponibilidad que el desplazamiento continuo de contenidos no siempre favorece.
La presión sobre el cuerpo puede frenar el deseo
Las redes sociales exponen cada día a cuerpos muy delgados, muy musculosos o fuertemente escenificados. Esta comparación puede reforzar la sensación de no ser suficientemente atractivo, tonificado o conforme a una norma estética. Sentirse observado o juzgado durante un momento íntimo puede impedir relajarse.
Un experimento realizado en 2023 con 226 adultos jóvenes comparó los efectos de imágenes de Instagram que mostraban cuerpos muy ajustados a los estándares de belleza con otros más diversos. Tras solo unos minutos de exposición, el grupo expuesto a los estándares dominantes sentía una mayor insatisfacción respecto a su propio cuerpo.
Esta inseguridad no afecta exclusivamente a las mujeres. Puede afectar a cualquier persona que se centre en su apariencia, anticipe la mirada de la otra persona o crea que debe alcanzar una forma de perfección. El deseo no se reduce a la apariencia: también está relacionado con la confianza, el respeto, el consentimiento y la posibilidad de ser uno mismo. Además, las preferencias físicas nunca deberían definir el valor de una persona, como recuerda este artículo sobre los estándares de belleza y el respeto hacia las mujeres.
Estrés, fatiga mental y dificultad para hacer planes de futuro
El estrés crónico puede afectar al deseo. Cuando una persona está preocupada por el trabajo, las finanzas, los conflictos, los mensajes pendientes o las obligaciones diarias, su mente se orienta más hacia la gestión de lo que parece urgente. En este contexto, la sexualidad puede pasar a un segundo plano sin que ello refleje necesariamente una falta de amor.
El investigador George Chrousos explicó en 2019 que el estrés activa un sistema de alerta en el organismo, asociado en particular a un aumento del cortisol. Cuando se prolonga, este estrés puede alterar varias funciones del cuerpo. Un estudio mencionado sobre este tema también observó, en mujeres, una asociación entre un mayor nivel de estrés, más cortisol y una menor excitación.
La fatiga mental cuenta tanto como la falta de sueño. Después de un día de trabajo, de responder a solicitudes, gestionar desplazamientos y seguir la actualidad, algunas personas buscan sobre todo tranquilidad. La necesidad de recuperarse no debe interpretarse automáticamente como un rechazo a la pareja.
Las preocupaciones vinculadas al coste de la vida, la vivienda, el futuro profesional, los conflictos internacionales o el cambio climático también dificultan hacer planes de futuro para una parte de la juventud. En Francia, el acceso a una vivienda independiente puede retrasarse por las limitaciones económicas. Vivir durante más tiempo con los padres limita a veces la intimidad y reduce las posibilidades de recibir a una pareja en casa.
El refugio doméstico y el descenso de los encuentros espontáneos
Quedarse en casa se asimila cada vez menos a un fracaso social. Para muchos jóvenes, el hogar se convierte en un lugar de recuperación: series, videojuegos, comida a domicilio, llamadas con los seres queridos, ejercicio en casa o conversaciones en línea permiten distraerse y mantener vínculos sin salir.
Esta valoración de la comodidad en casa se asocia a veces con el «JOMO», por joy of missing out, es decir, el placer asumido de no participar en todas las salidas. Se opone al «FOMO», el miedo a perderse un evento. Esta evolución puede ser beneficiosa cuando ayuda a respetar los propios límites y la necesidad de descanso. Pero también puede reducir los encuentros imprevistos, las salidas en grupo y las nuevas interacciones.
La soltería no es un problema que deba resolverse a cualquier precio. Puede corresponder a una etapa elegida, a prioridades personales o a la búsqueda de estabilidad. Sin embargo, la presión social en torno a la pareja y al matrimonio sigue siendo fuerte para algunas personas, como ilustra la cuestión de la soltería a los 30 años y las expectativas del entorno.
La fatiga de las aplicaciones de citas
Las aplicaciones prometen un acceso rápido a numerosos perfiles, pero también pueden dar la impresión de un proceso repetitivo: presentarse, responder a las mismas preguntas, mantener una conversación, organizar un encuentro y volver a empezar cuando el intercambio no llega a nada. Este agotamiento suele llamarse dating fatigue.
La posibilidad teórica de conocer personas sin fin puede generar frustración más que entusiasmo. Un artículo de Slite citado sobre este tema afirmaba que cerca de una persona soltera de cada dos se vería afectada por esta fatiga. La disminución del número de usuarios o de la valoración de ciertas aplicaciones no significa su desaparición, pero puede reflejar la saturación de una parte del público ante un funcionamiento basado en deslizar perfiles.
Al mismo tiempo, muchos jóvenes afirman querer proteger su equilibrio, su tiempo y su energía. Esta aspiración puede ser saludable. Una relación equilibrada no exige renunciar a la vida personal: supone más bien encontrar una presencia estable, diálogo y un espacio respetuoso para cada persona, como subraya el artículo sobre la presencia, el espacio y la estabilidad en una relación.
Una transformación de las trayectorias amorosas, más que una desaparición del deseo
Las trayectorias de vida están menos estandarizadas que antes. Formar pareja rápidamente, vivir juntos, casarse y tener hijos ya no constituye un itinerario obligatorio. La incorporación más tardía al mercado laboral, las dificultades para acceder a la vivienda, la autonomía reivindicada y la cautela ante el compromiso contribuyen a retrasar ciertas etapas.
Por tanto, tener menos relaciones íntimas no significa necesariamente tener menos sentimientos ni menos interés en una relación duradera. También puede reflejar el deseo de tomarse su tiempo, de no aceptar una relación insatisfactoria o de priorizar la salud mental y la estabilidad económica antes de dejar entrar a alguien en la propia vida.
Preguntas frecuentes
¿La generación Z ya no quiere estar en pareja?
No. Los cambios observados no permiten afirmar que los jóvenes renuncien a la pareja. Más bien muestran que la pareja se percibe con menor frecuencia como una obligación y que una parte de los jóvenes establece condiciones más exigentes antes de comprometerse.
¿Las pantallas explican por sí solas la disminución de las relaciones íntimas?
No. Las pantallas pueden reducir el tiempo disponible y fragmentar la atención, pero el estrés, el cansancio, la imagen corporal, las condiciones de vivienda, el coste de la vida y la fatiga de las citas también pueden desempeñar un papel.
¿Hay que preocuparse por una disminución de la libido en una pareja?
Una disminución del deseo puede tener muchas causas y no indica automáticamente una ruptura afectiva. El diálogo sin presión, el respeto del consentimiento y la atención a las fuentes de estrés son esenciales. Si el sufrimiento o las dificultades persisten, consultar a un profesional de la salud puede ser útil.



