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Políticas de blanqueamiento racial: siete historias de borrado y segregación

La expresión «políticas de blanqueamiento racial» designa proyectos y prácticas que buscaron, de distintas maneras, imponer la supremacía blanca, reducir la visibilidad de las poblaciones negras o indígenas, o excluirlas de la ciudadanía, las tierras y los recursos. Estos mecanismos no responden todos a una misma realidad: algunos adoptaron la forma de una inmigración europea alentada por el Estado, otros la de segregación, desplazamientos forzados, control de los matrimonios, violencia masiva o borrado administrativo.

Siete trayectorias históricas ilustran la magnitud y la diversidad de estas políticas. También recuerdan que un relato nacional que pretende una homogeneidad racial puede basarse en exclusiones duraderas.

Argentina: el borrado progresivo de los afroargentinos

A finales del siglo XVIII, más del 30 % de la población de Buenos Aires era negra, mientras que algunas provincias del interior contaban con una proporción todavía mayor de personas negras. Sin embargo, Argentina se representa con frecuencia como un país principalmente europeo y blanco.

Esta transformación se inscribe en un contexto ideológico en el que pensadores como Domingo Faustino Sarmiento asociaban la blancura europea con la civilización y la negritud con la barbarie. Las guerras civiles y la Guerra de la Triple Alianza, de 1864 a 1870, afectaron gravemente a los hombres negros movilizados para combatir. La epidemia de fiebre amarilla de 1871 en Buenos Aires también golpeó a los barrios pobres del sur, donde vivían numerosas familias negras.

El artículo 25 de la Constitución de 1853 contemplaba fomentar la inmigración europea. La llegada masiva de italianos y españoles modificó profundamente la demografía del país. En el siglo XX, la desaparición de los afroargentinos de los censos contribuyó a su invisibilización estadística y simbólica.

Brasil: el branqueamento y el mito de la democracia racial

Brasil recibió a más africanos esclavizados que cualquier otro país de América y abolió la esclavitud en 1888. Tras esa abolición, una parte de las élites promovió el branqueamento, o blanqueamiento, una ideología basada en la creencia pseudocientífica de una supuesta superioridad blanca.

El mestizaje se presentó entonces como un medio para hacer retroceder progresivamente la presencia negra en la población. En 1911, el antropólogo João Baptista de Lacerda expuso en Londres una proyección que afirmaba que la población negra podría desaparecer de Brasil para 2012. Esta previsión no se cumplió.

Las políticas migratorias favorecieron paralelamente el asentamiento de europeos portugueses, italianos, alemanes y españoles, mientras que las inmigraciones africanas y asiáticas se limitaban. Los recién llegados se beneficiaron de posibilidades de acceso a la tierra y al empleo de las que las personas negras liberadas se vieron ampliamente privadas.

El proyecto de eliminación demográfica fracasó, pero sus efectos sociales perduraron: valorización de las pieles más claras, desigualdades y difusión del mito de una «democracia racial» en la que el mestizaje bastaría para hacer desaparecer el racismo. Las discriminaciones pueden, además, influir de forma duradera en las condiciones de vida, el empleo y la integración, incluso en los itinerarios de movilidad internacional, como señala este artículo sobre los criterios que conviene evaluar antes de expatriarse.

República Dominicana: antihaitianismo y masacre de 1937

En la República Dominicana, la identidad nacional se construyó durante mucho tiempo en oposición a Haití. Esta lógica, a menudo denominada antihaitianismo, asoció a Haití con la negritud y la pobreza, al tiempo que destacaba una identidad dominicana hispánica, católica y taína.

Bajo la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo, esta política culminó con la masacre de 1937 cerca de la frontera haitiana. Las víctimas eran sometidas, entre otras cosas, a una prueba de pronunciación de la palabra española perejil. Las estimaciones citadas para esta masacre oscilan entre 15.000 y 30.000 muertos.

El régimen también favoreció el asentamiento de refugiados blancos, especialmente españoles y judíos que huían de la Alemania nazi. En los documentos de identidad, categorías como indio o trigueño pudieron sustituir la palabra «negro», contribuyendo a una negación administrativa de la ascendencia africana.

Cuba: inmigración selectiva y destrucción de una organización negra

Los afrocubanos desempeñaron un papel fundamental en la guerra de independencia contra España. Antonio Maceo, general negro, se convirtió en particular en una figura militar central. Sin embargo, después de la independencia, la élite blanca temió la influencia política de esos antiguos combatientes.

Entre 1902 y 1931, el Estado cubano financió la llegada de más de 700.000 inmigrantes españoles. Al mismo tiempo, se prohibió la inmigración negra procedente de Haití y Jamaica, aunque algunas empresas azucareras sortearon estas restricciones para contratar mano de obra de bajo coste.

En 1908, veteranos afrocubanos crearon el Partido Independiente de Color (PIC), que defendía, entre otras cosas, la reforma agraria y el fin de las políticas migratorias discriminatorias. El partido fue prohibido. Durante la represión de 1912, entre 3.000 y 6.000 afrocubanos habrían sido asesinados por el ejército y milicias blancas, según las cifras recogidas.

Australia: las generaciones robadas y la asimilación forzada

Australia constituye un caso distinto: las políticas raciales se dirigieron prioritariamente contra los pueblos indígenas. La política de la «Australia Blanca», implantada mediante la Ley de Restricción de la Inmigración de 1901, buscaba mantener un país concebido como británico y blanco.

Las autoridades estimaban que los aborígenes llamados «de sangre pura» acabarían desapareciendo. Sobre todo buscaron controlar el futuro de los niños mestizos. Se separó a niños de sus familias, se les internó en instituciones, se les privó de su lengua y se les orientó hacia trabajos domésticos o subordinados. Hoy se les conoce como las «generaciones robadas».

En Australia Occidental, A. O. Neville defendía un programa de asimilación mediante el control de las uniones y la integración forzada en la sociedad blanca. Estas prácticas se prolongaron hasta la década de 1970 y dejaron un trauma profundo en las comunidades afectadas.

Estados Unidos: eugenesia, segregación y desposesión social

En Estados Unidos, los matrimonios interraciales fueron criminalizados en numerosos estados hasta 1967. Por tanto, el sistema no tenía como objetivo el mestizaje, sino que se apoyó en la eugenesia, las leyes segregacionistas, la violencia racial y el aislamiento territorial de las poblaciones negras.

Figuras como Madison Grant y Charles Davenport participaron en la difusión de teorías eugenésicas. La Ley Johnson-Reed de 1924 restringió después de forma drástica la inmigración procedente de países no europeos occidentales. Decenas de miles de personas también sufrieron esterilizaciones forzadas; en el Sur, las mujeres negras estuvieron particularmente expuestas a estas prácticas.

Los linchamientos y la destrucción de comunidades negras, como en Greenwood, en Tulsa, o en Wilmington, Carolina del Norte, alimentaron la Gran Migración. Pero las políticas de redlining encerraron posteriormente a muchas familias negras en barrios desatendidos. Estas realidades históricas invitan a distinguir los mecanismos institucionales duraderos de las representaciones simplificadoras sobre la igualdad formal.

Sudáfrica: el apartheid y la retirada de la ciudadanía

En Sudáfrica, el régimen de apartheid instaurado tras la llegada al poder del Partido Nacional en 1948 organizó una jerarquía racial mediante la ley. La población negra, pese a ser mayoritaria, fue dividida según categorías tribales y relegada a bantustanes o «homelands».

Estos territorios representaban el 13 % de las tierras, a menudo las más áridas y fragmentadas, mientras que la minoría blanca conservaba las ciudades, las tierras fértiles y las zonas mineras. La Ley de Ciudadanía de los Hogares Bantúes de 1970 retiró la ciudadanía sudafricana a las personas negras, vinculándolas administrativamente a territorios en los que muchas nunca habían vivido.

Entre 1960 y 1983, 3,5 millones de sudafricanos negros fueron desplazados por la fuerza. Los trabajadores negros solo podían regresar a las zonas blancas como trabajadores migrantes, sujetos a pases y separados con frecuencia de sus familias.

Comprender mecanismos distintos, sin borrar las historias

Estos siete casos no son intercambiables. Argentina experimentó una invisibilización demográfica y memorial; Brasil promovió el blanqueamiento mediante la inmigración y el mestizaje; Sudáfrica retiró la ciudadanía a una mayoría negra; Australia separó a niños indígenas de sus familias. Sin embargo, todos revelan una misma cuestión: el poder de un Estado no se ejerce únicamente mediante la violencia directa, sino también a través de las categorías administrativas, el control de las tierras, las políticas de poblamiento, la escuela, el trabajo y los relatos nacionales.

Estudiar estas políticas también permite comprender mejor por qué las discriminaciones actuales no pueden reducirse a comportamientos individuales. A veces se inscriben en herencias institucionales y sociales de larga duración. Para profundizar en cómo el racismo puede afectar a la vivienda, el empleo y la integración, véase también este análisis de las realidades vividas por africanos y miembros de la diáspora en el extranjero.

Preguntas frecuentes

¿El blanqueamiento racial designa únicamente el mestizaje?

No. Puede designar políticas muy diversas: fomento de la inmigración europea, asimilación forzada, restricciones migratorias, borrado en las estadísticas, control de los matrimonios, esterilizaciones, segregación o retirada de ciudadanía.

¿Por qué se habla de borrado administrativo?

Porque las categorías utilizadas por el Estado pueden hacer menos visible a una población: dejar de contabilizarla en los censos, sustituir una categoría racial por otra o atribuirle por la fuerza una ciudadanía diferente.

¿Estas políticas realmente hicieron desaparecer a las poblaciones afectadas?

No. No hicieron desaparecer a las poblaciones negras o indígenas, pero pudieron reducir su visibilidad, debilitar sus derechos, fragmentar sus comunidades y producir desigualdades duraderas.

Christiano Btf

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