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Fascismo y democracia: ¿qué señales de alerta existen en Francia?

El debate sobre el peligro fascista en Francia suele enfrentar dos escollos: asimilar mecánicamente el presente a los años treinta o considerar que el fascismo solo podría regresar con la apariencia exacta de los regímenes de Mussolini y Hitler. Varios investigadores que trabajan sobre el nazismo, las extremas derechas y los regímenes autoritarios defienden otro enfoque: estudiar los mecanismos políticos, sociales e institucionales que pueden debilitar una democracia.

Este planteamiento no consiste en anunciar un destino escrito de antemano. Invita más bien a identificar las transformaciones concretas: el peso creciente de la extrema derecha en el debate electoral, la concentración del ejecutivo, la ampliación de medidas de excepción, la presión contra los contrapoderes o la normalización de discursos que presentan a determinadas poblaciones como una amenaza.

El fascismo no siempre se presenta bajo su forma histórica

En el período de entreguerras, los fascismos se basaban, entre otros elementos, en partidos fuertemente estructurados, jerarquizados y a menudo militarizados, organizados en torno a un líder. Esta configuración no resume todas las formas posibles de un movimiento neofascista contemporáneo.

Los análisis mencionados destacan, por el contrario, un conjunto más difuso: grupos violentos capaces de intimidar o agredir, plataformas mediáticas, organizaciones electorales, apoyos en determinados círculos económicos y circulación de temas ideológicos comunes. Por tanto, el fenómeno no dependería necesariamente de un único partido de masas ni de un centro de mando identificable.

Esta lectura también insiste en la persistencia de elementos históricos como el racismo, el antisemitismo, el colonialismo, el imperialismo o ciertas lógicas de dominación económica. La derrota militar del régimen nazi en 1945 no habría eliminado por sí sola todos los resortes ideológicos y sociales que habían permitido su surgimiento.

La relación francesa con el fascismo no se limita a un pasado externo

Presentar el fascismo como un peligro exclusivamente ajeno a Francia oculta una parte de la historia nacional. El régimen de Vichy colaboró con el ocupante nazi, incluso en la persecución y deportación de los judíos. Tras la Segunda Guerra Mundial, corrientes de extrema derecha también recuperaron una actividad política, especialmente en el contexto de las guerras coloniales de Indochina y Argelia.

A partir de los años ochenta, el Frente Nacional, convertido en Agrupación Nacional, instaló de forma duradera una oferta de extrema derecha en el panorama electoral. Este avance alimenta las preguntas sobre la normalización política y mediática de corrientes antes marginadas.

Sin embargo, el asunto va más allá de los resultados electorales. La cuestión central se refiere a las relaciones entre una fuerza política, las instituciones existentes, las élites económicas, los medios de comunicación y las políticas de seguridad. Como recuerda el análisis de los mecanismos de los golpes de Estado y de la inestabilidad institucional, las fragilidades democráticas nunca se reducen a la toma directa del poder por un solo actor.

Una V República marcada por la fuerza del ejecutivo

Las preocupaciones expresadas también se refieren a las instituciones de la V República. La Constitución de 1958 organiza un régimen semipresidencial en el que el presidente de la República dispone de importantes prerrogativas. Sus críticos ven en ello, en determinadas circunstancias, un funcionamiento muy presidencialista que aleja al ejecutivo de las formas habituales de contestación parlamentaria y ciudadana.

La disolución de la Asamblea Nacional en junio de 2024 se cita como ilustración de esta preeminencia presidencial. El artículo 16 de la Constitución, que prevé poderes excepcionales en circunstancias particulares, también se presenta como un importante punto de vigilancia debido a la concentración de poder que autoriza.

Estos debates se inscriben en una crisis más amplia de la representación política y del funcionamiento institucional. La fragmentación de la Asamblea, las dificultades para formar mayorías y las tensiones en torno a la acción gubernamental ya contribuyen a situar a la V República bajo tensión.

El estado de emergencia y la incorporación de la excepción al derecho común

Otra señal de alerta se refiere al uso prolongado de dispositivos de excepción. Tras los atentados de 2015, Francia vivió dos años de estado de emergencia, de 2015 a 2017. Este permitió, en particular, registros administrativos, arrestos domiciliarios y prohibiciones de manifestarse.

Al final de este período, la ley que refuerza la seguridad interior y la lucha contra el terrorismo incorporó al derecho común varios dispositivos asociados al estado de emergencia, entre ellos los perímetros de protección, determinadas medidas administrativas y las posibilidades de disolución.

Según el análisis desarrollado por especialistas en regímenes autoritarios, el estado de emergencia puede producir dos efectos simultáneos: limitar determinadas libertades públicas y reforzar la concentración del poder ejecutivo. Estos dos movimientos, cuando se instalan de forma duradera, pueden alimentar un proceso de autocratización.

La construcción de enemigos internos

La designación de grupos considerados peligrosos para la nación constituye otro elemento observado en los discursos de extrema derecha. Los inmigrantes no europeos y los musulmanes son presentados con frecuencia no como individuos con situaciones diversas, sino como una amenaza colectiva, identitaria o civilizatoria.

Esta retórica suele asociar dos ideas: una nación que estaría en peligro de desaparecer y la existencia de una estrategia organizada de infiltración en asociaciones, el deporte, los medios de comunicación o el mundo laboral. Investigadores relacionan este tipo de relato conspirativo con antiguos procedimientos del antisemitismo, basados en la acusación de ocultación y complot.

El punto de vigilancia reside en la difusión de estos temas más allá de las formaciones que los reivindican explícitamente. Cuando un vocabulario o unos marcos de interpretación procedentes de la extrema derecha se retoman en espacios políticos más amplios, pueden contribuir a normalizar representaciones antes marginales.

Contrapoderes: periodistas, universidades, asociaciones y justicia

Las democracias iliberales buscan generalmente reducir la influencia de los actores capaces de cuestionar el poder: periodistas, académicos, abogados, asociaciones de defensa de los derechos y organizaciones de la sociedad civil. Los ataques verbales o políticos contra estas instituciones pueden convertirse así en un indicador de deterioro democrático.

Las controversias dirigidas contra la investigación universitaria, la Liga de los Derechos Humanos o incluso el lugar del Estado de derecho se inscriben en esta preocupación. Plantean una cuestión esencial: ¿se considera a las instituciones independientes garantes del pluralismo o como obstáculos que deben apartarse?

La cuestión es tanto más sensible cuanto que las medidas de seguridad y el apoyo político a las fuerzas del orden pueden modificar de forma duradera el equilibrio entre la protección del orden público y el respeto de las libertades fundamentales.

Nada está escrito de antemano

La historia del nazismo no constituye un modelo que deba reproducirse término por término, ni una profecía. Recuerda sobre todo que los virajes autoritarios son el resultado de decisiones, alianzas, renuncias y conflictos. La llegada de Hitler al poder, el 30 de enero de 1933, no era inevitable: dependió de decisiones tomadas por responsables políticos y sociales en un contexto de crisis.

Esta lección también vale para el presente. La preocupación ante una deriva autoritaria puede fundamentarse sin caer en el fatalismo. Preservar las libertades públicas, el pluralismo, la independencia de la investigación, el papel de la prensa y los derechos de las minorías forma parte de un debate democrático permanente, cuyo desenlace nunca está predeterminado.

Preguntas frecuentes

¿El fascismo contemporáneo es idéntico al de los años treinta?

No. Las formas históricas del partido militarizado y del líder todopoderoso no son las únicas configuraciones posibles. Los análisis contemporáneos se interesan por las redes políticas, mediáticas, económicas y militantes que pueden contribuir a una dinámica autoritaria.

¿Por qué el estado de emergencia es una cuestión democrática?

Porque permite restringir libertades y reforzar al ejecutivo. Cuando medidas excepcionales pasan de forma duradera al derecho común, la cuestión de su control y su proporcionalidad se vuelve central.

¿Debe considerarse inevitable una deriva autoritaria?

No. La historia muestra que las evoluciones políticas son el resultado de decisiones y relaciones de fuerza. Identificar los riesgos sirve precisamente para alimentar el debate democrático y defender los contrapoderes.

Christiano Btf

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